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Michael Schumacher cumple hoy 51 años. Larga vida al Káiser.

Un pequeño homenaje a la trayectoria deportiva del piloto más laureado de la historia de la Fórmula 1.

( palabras)
Michael Schumacher cumple hoy 51 años. Larga vida al Káiser.
Fuente imagen: Google Imágenes

Hoy es un día de celebración para cualquier aficionado a la Fórmula 1. Tal día como hoy, hace 51 años, nacía un piloto único, una persona única y una figura legendaria.

Nacido en la pequeña localidad de Kerpen, en Alemania, el niño que luego se convertiría en el dueño de todos los récords a su alcance, empezaba a dar sus primeras vueltas en el Karting. Desde muy temprana edad despuntaba en esta modalidad, teniendo que competir hasta los 14 años con licencia luxemburguesa, ya que en Alemania no la concedían a pilotos menores de esa edad.

Al llegar a la Fórmula 3 pilotaría para el que luego sería su manager hasta su primera retirada de Ferrari, Willi Weber, prueba inequívoca de que vería en aquel joven un talento sin precedentes. Despuntando desde las primeras carreras y ya con algún encontronazo contra su gran rival años más tarde, Mika Häkkinen, fue fichado por Mercedes para su programa de jóvenes talentos, compaginando su participación en categorías inferiores con alguna esporádica participación en el DTM.

Poco después, Mercedes lo alinearía en su prototipo para el Mundial de Sport Prototipos, causando una grandísima impresión, siendo una pieza clave para la consecución del Campeonato de Constructores de la marca germana en 1990, y llegando a luchar por ganar las 24 horas de Le Mans en 1991, sufriendo un problema que les relegaría a la quinta posición, pero consiguiendo la vuelta rápida de la prueba francesa.

El ansiado premio estaba cada vez más cerca, y por un giro del destino esa oportunidad llegó de rebote. Bertrand Gachot era arrestado y encarcelado por una trifulca con un taxista en el Reino Unido, y Jordan necesitaba un piloto que ocupara su plaza en el Gran Premio de Bélgica de 1991. Schumacher sabía que aquella oportunidad no se podía escapar, llegando incluso a mentir a Eddie Jordan sobre la única condición que éste había puesto, conocer el exigente trazado de Spa Francorchamps, a lo que el alemán respondió que sí, cuando aquella sería la primera vez que pisaba el circuito.

A pesar de este diminuto detalle, el alemán conseguía clasificar su monoplaza en séptima posición y 7 décimas por delante de su compañero, nada menos que Andrea de Cesaris, siendo su undécima carrera con el Jordan y también su undécima temporada en la Fórmula 1. La carrera se acabó en la segunda curva debido a la rotura de su embrague, pero ya se había hecho un nombre en el paddock, y el por entonces Jefe de Equipo de Benneton, Flavio Briatore, luchó por esquivar cualquier atadura legal y contractual del alemán y hacerse con sus servicios, para hacer dupla con el tricampeón Nelson Piquet en busca de mantener la tendencia ascendente que afrontaba el equipo.

El sueño se hacía realidad. El puesto en la categoría reina estaba asegurado, y así fue como, una vez más, Schumacher pasaba por encima de sus compañeros, su precocidad y su poca experiencia para liderar a su equipo. Un año más tarde, en el mismo Gran Premio que lo vio debutar, lograba su primera de tantísimas victorias, y terminaría convirtiendo al modesto Benneton en dos veces Campeón del Mundo, en 1994, después de un gran año en términos de pilotaje con 8 victorias de 14 pruebas, pero repleto de polémica técnica y deportiva, llegando a ser excluido de manera cuanto menos excesiva en dos Grandes Premios y con una acción muy controvertida en la última prueba del año en Australia, al tocarse con Damon Hill y quedar los dos fuera de carrera. En 1995, ya sin dejar ninguna posibilidad a sus rivales, se convertía en el por entonces bicampeón del mundo más joven de la historia.

Por miedo a perder la superioridad en Bennetton, y con ganas de afrontar nuevos desafíos, se aventuró a fichar por Ferrari y liderar el nuevo proyecto que estaba organizando Jean Todt, sumando al equipo técnico a auténticos monstruos como Ross Brawn en 1997, inseparable del piloto germano, o Rory Byrne, indiscutible genio a los mandos del departamento técnico y de aerodinámica, para devolver a Ferrari a la gloria que hacía tantos años que se les resistía.

En su primera temporada con los italianos, en 1996, vio como el monoplaza estaba muy lejos de los líderes, pero le sirvió para afianzarse en Maranello, empezar a vislumbrar los primeros buenos resultados de ese proyecto, y gracias a su formidable pilotaje una vez más, lograr tres victorias de las que pasan a los anales de la historia por su heroicidad, y convertirse en el héroe de los tifossi durante muchos años.

El proyecto seguía mejorando y ya en 1997 lograban luchar el campeonato hasta la última prueba del campeonato, llegando líderes a la prueba de Jerez y necesitando únicamente acabar por delante de su rival Jacques Villeneuve. Un problema en su coche provocó una importante falta de ritmo cuando lideraba por delante del canadiense, y por miedo a perder un mundial que parecía hecho, cometió un error de pilotaje y una acción muy falta de deportividad, tirando su coche contra el Williams de Villeneuve, pero siendo él el que saldría mal parado de la acción, abandonando la carrera y siendo posteriormente descalificado del Campeonato del Mundo.

Las dos temporadas que vendrían a continuación verían como el ingenio de Adrian Newey y el magnífico pilotaje de Häkkinen le arrebataban los títulos a una Ferrari que no se rendía, pero veía cómo pasaban los años y las vitrinas seguían vacías. A pesar de todo, fueron dos años muy peleados y que dejaron algunas luchas y carreras memorables, y quién sabe cómo habría terminado aquel 1999 de no ser por la lesión de Schumacher a causa del accidente en Silverstone que lo tuvo apartado de las pistas durante varios Grandes Premios. Aquel monoplaza tenía potencial de campeón. Tras más de 20 años, Ferrari volvía a ganar un mundial de constructores y su compañero Eddie Irvine se disputaba el mundial hasta la última prueba.

Tras cinco años de espera y sequía, en el año 2000 llegaría la ansiada recompensa. Esta vez, un Ferrari y un Michael Schumacher más fuertes que nunca, lograrían alzarse con ambos títulos después de luchar por tercer año consecutivo contra Mika Häkkinen y su McLaren, venciendo en la última carrera del año. Un premio más que merecido, por paciencia demostrada y por todas las grandes actuaciones sin premio hasta la fecha. Fue el principio de una era de absoluta hegemonía para el alemán y para la Scudería. Un lustro de auténtico idilio para todos los aficionados alemanes y especialmente italianos, pero que, por otra parte, levantó muchas ampollas entre esos aficionados que le seguían echando en cara haber sido el piloto que ganaba después del fallecimiento de Ayrton Senna y alguna acción como la de Jerez.

Su carrera en Ferrari y en la Fórmula 1 se terminaba o parecía terminarse en 2006, después de un decepcionante año 2005 en el que el rendimiento de los Bridgestone estaba muy lejos de sus rivales Michelin, y un 2006 que, aunque el su monoplaza volvía a ser muy competitivo, terminando incluso como el más fuerte de la temporada y con serias opciones al título hasta la penúltima carrera en Japón, donde su increíblemente fiable motor decía basta tras más de un año sin abandonar, veía que la nueva generación venía empujando con mucha fuerza y que su tiempo en el Gran Circo se debía terminar estando aún en lo más alto.

Aquel año finalizó con una magistral actuación en el Gran Premio de Brasil, donde las mínimas esperanzas del octavo título se desvanecían tras un pinchazo que le hacía perder casi una vuelta y lo relegaba al final de la parrilla, pero remontando a una velocidad endiablada y con la fuerza y ambición de un piloto novato, regalando a los aficionados algunos adelantamientos magistrales y logrando remontar hasta la cuarta posición.

A pesar de superar los 40 años de edad y después de cuatro años retirado, no pudo rechazar la llamada de su eterno amigo Ross Brawn para liderar el nuevo proyecto de Mercedes en la categoría reina. Tres años que, aunque estuvieron muy faltos de buenos resultados salvo el pódium de aquel loco Gp de Europa en Valencia de 2012, y en los que el piloto estuvo muy lejos de su mejor nivel de antaño, fueron claves para el posterior éxito de la marca de la estrella, en el que su hegemonía ya ha logrado superar a día de hoy a la que consiguieron Schumacher y Ferrari a principios de siglo.

Porque así es Michael Schumacher, un auténtico líder con un carisma increíble, un hombre de equipo como pocos pilotos han existido en la larga historia de la categoría reina, uno de esos pocos pilotos que conseguían sacar el máximo del coche y ayudar a su equipo a desarrollar el monoplaza gracias a sus consejos, y sobre todo, un tiburón en la pista. Un auténtico animal agresivo que logró hacer auténticas proezas al volante a lo largo de su carrera deportiva. Un auténtico maestro bajo el agua, aunque siempre se recuerde a otros nombres como los mejores en este campo como Ayrton Senna, demostrándolo en victorias apoteósicas como la lograda bajo el aguacero de Barcelona en el 96, o aguantando a todo un Damon Hill con su Williams y con neumáticos de agua, en aquella lluviosa carrera de Spa con neumáticos de seco en 1995. Un talento nato con una velocidad endiablada y capaz de leer las carreras de manera excepcional, especialmente si al otro lado del muro se encontraba su amigo Ross Brawn como en aquella magistral victoria de Hungría en 1998, parando a destiempo y teniendo que recuperar 25 segundos en 19 vueltas.

Son sólo algunos de los muchos méritos que hizo el alemán para ser aún hoy el piloto con más victorias en la historia de la Fórmula 1 con 91, el que más podiums ostenta con 155, el mayor número de vueltas rápidas con 77 el segundo con más pole positions con 68 y sólo superado recientemente por Lewis Hamilton, el único capaz de amenazar sus números, y sobre todo y principalmente, seguir siendo el ídolo de miles y miles de aficionados a este deporte y de todos esos tifossi que aún a día de hoy siguen luciendo su cara al lado de la bandera del Cavallino Rampante. Los de Maranello nunca han vuelto a ser los mismos desde que abandonó sus filas.

Desde hace seis años, lucha a diario por recuperarse del gravísimo accidente sufrido practicando esquí, una de sus aficiones preferidas, en la estación de esquí de Grenoble. Desde entonces, la familia ha mantenido y rogado máxima discreción sobre su estado y su esperada recuperación. Una petición que, aunque perfectamente respetable, se antoja agónica para todos los que deseamos cada día su definitiva recuperación. Su última carrera fue el Gran Premio de Brasil de 2012. Su última victoria, el Gran Premio de China de 2006. Sin embargo, a día de hoy, todos sus aficionados y todos los que alguna vez formaron parte de su vida y de su carrera deportiva, seguimos esperando la que sería su victoria número 92.

Por mi parte, un fiel seguidor de toda su trayectoria deportiva y que tuvo la suerte de verlo correr, solo deseo que esa victoria llegue lo antes posible. Larga vida al Káiser.

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